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Criadero de perros en Tenerife: cómo distinguir uno serio de un anuncio

13 min de lectura

Qué preguntar a un criadero de perros en Tenerife antes de fiarte de un anuncio de cachorros en Santa Cruz o La Laguna.

Hay dos búsquedas que llegan al mismo sitio y no son la misma pregunta. Una es «criadero de perros en Tenerife». La otra es «cachorros en Santa Cruz», o en La Laguna, sin raza o con la raza todavía a medias. Quien escribe eso no pide todavía la ficha del Galgo Italiano ni la del Cocker Spaniel Inglés. Pide saber si está delante de una casa que cría en serio o delante de un anuncio. Esta página es para esa diferencia. Las fichas de raza están en otro lado, y al final enlazan solas.

El criadero está en La Esperanza, en el municipio de El Rosario. No hay una tienda en Santa Cruz ni un local en La Laguna. Nombramos esas ciudades porque es desde donde busca la gente, no porque tengamos una sede en cada una. Desde La Laguna se llega en un rato corto. Desde Santa Cruz, también es un desplazamiento de día a día. Quien vive en el sur tarda más y sigue estando en la misma isla.

Lo que suele haber detrás de un anuncio

Un anuncio muestra un cachorro, un precio y a veces una frase: «padres a la vista», «vacunados», «muy sociables». La frase no es un papel. Lo que ya está escrito en esta web, y que separa un anuncio de un trabajo, cabe en cuatro huecos. Sin pruebas de salud de los padres. Sin una genealogía que se pueda comprobar. Con la socialización desconocida. Y con un precio muy bajo que no explica qué falta.

En el Cocker Spaniel Inglés, los anuncios de particulares sin pedigree se mueven entre 300 y 700 euros. Por debajo de 800 euros conviene preguntar qué pruebas y qué seguimiento no están. En un criadero familiar serio, el precio de fondo ronda los 2.500 euros. No es un extra por exposiciones. Es el entorno de las pruebas, la socialización, las garantías y el seguimiento. El detalle está en el precio del Cocker Spaniel Inglés. No lo repetimos entero.

En el Galgo Italiano el mismo esquema, con otros números de anuncio. Un galgo a 400 euros merece preguntas. Un galgo a 3.500 euros sin explicación de qué incluye, también. El precio de un criadero familiar serio vuelve a rondar los 2.500 euros. El color no lo sube. El nombre «Pequeño Lebrel Italiano» tampoco. Si el número no se parece y nadie dice qué hay dentro, la geografía da igual: Santa Cruz, La Laguna o un pueblo del sur.

Un precio bajo no demuestra mala intención. Demuestra que la aritmética del trabajo no cabe. Las pruebas, el tiempo con los cachorros y alguien al otro lado cuando el perro ya no está en la foto cuestan. Cuando el anuncio no los nombra, el riesgo se queda en quien compra. Un problema hereditario, sobre todo en el Cocker, puede salir más caro que la diferencia entre el anuncio y el criadero. Eso ya está contado en las guías de precio y de pruebas. Aquí solo hace falta no tratar el anuncio como si fuera una ficha.

Pruebas, genealogía y lo que se puede pedir ver

En el Cocker, las pruebas que esta casa nombra son concretas: nefropatía familiar, prcd-PRA, caderas y revisión oftalmológica. La lista para llevártela a cualquier conversación, no solo a la nuestra, está en qué pruebas genéticas debe tener un Cocker. Un criador serio las enseña. Una respuesta del tipo «están sanos, siempre lo han estado», sin nada que ver, es una señal. Da igual el cariño con el que se diga.

En el Galgo Italiano no publicamos la misma lista con los mismos nombres. Lo que afirmamos es lo que la casa dice: se revisa la salud de los padres antes de criar. Los problemas hereditarios de la raza —huesos, dientes, epilepsia, tiroides, anestesia— se explican en el artículo de salud, que no es esta página. Si quieres ver papeles, se piden. No hace falta preguntar dos veces.

La genealogía es el otro papel. Hace falta poder saber quiénes son los padres y los abuelos. La vía tradicional es un pedigree de la Real Sociedad Canina de España o de un club FCI: certifica genealogía, no salud. La vía que usamos en El Nieto es Genealogic, porque deja ver la genealogía y los registros de salud sin depender de una foto en el móvil. El soporte puede variar en otras casas. Lo que no puede faltar es la posibilidad de comprobar. Un nombre de padres en un chat, sin registro, no es genealogía.

El microchip va registrado. La cartilla sanitaria sale con la pauta empezada. Eso es entrega, no un extra que se negocia al final. Si el anuncio dice «chip en el veterinario» y no está hecho, todavía no está hecho. Se pregunta antes de reservar, no en el coche de vuelta a La Laguna.

La socialización que no se ve en la foto

Un cachorro bonito en un sofá no dice cómo ha pasado las semanas. La socialización que importa es aburrida de contar: personas distintas, ruidos de casa, rutinas, suelos, voces. Un cachorro que solo ha visto a una persona, en un cuarto cerrado, llega a un piso de Santa Cruz con todo por estrenar, y el estreno duele. Un cachorro que ya ha oído la calle y la cocina llega con una base. No llega educado. Llega empezado.

No prometemos que cada cachorro de El Nieto haya crecido con niños. La socialización con niños depende también de la casa a la que va, y por eso preguntamos si hay niños y de qué edad. Sí observamos el carácter desde que nace: energía, reacciones, cómo se acerca y cómo se aparta. Un perro bonito y asustadizo no es el perro que buscamos. Criamos para familias, no para una pista.

En un anuncio, «se crían en casa» puede ser verdad y puede ser una frase. La pregunta útil es concreta. ¿Ha oído aspiradora, timbre, tráfico? ¿Ha estado en brazos de más de una persona? ¿La madre está en la casa y se la puede ver, no solo en una foto de hace un año? ¿Qué hace el cachorro cuando entra alguien que no conoce? Una respuesta larga y precisa vale más que un álbum.

La madre importa por salud y por carácter. Verla en casa, no en una exposición ni en un vídeo corto, dice más que el título del anuncio. Si no está, o si no se puede ver, es un dato. No hace falta discutir. Se apunta y se compara con quien sí la enseña.

En La Esperanza el espacio se puede contar porque se puede ver: 17.000 m², boxes individuales, parques exteriores, peluquería y atención veterinaria permanente. Un anuncio no tiene por qué tener eso, y no se le exige una finca para ser decente. Se le exige que el cachorro no haya crecido hacinado, que la madre esté bien y que haya habido gente alrededor. Si la respuesta es una habitación de un piso y nadie más ha entrado en semanas, el cachorro puede ser sano de aspecto y llegar a Santa Cruz sin haber oído un portal, un coche o una voz distinta. Eso se paga después, en miedos, no en el anuncio.

La atención veterinaria permanente de esta casa no es el veterinario que te tocará en tu barrio. Es que aquí hay seguimiento clínico mientras el cachorro crece, y que los padres se revisan antes de criar. Tu veterinario, en La Laguna o en el sur, sigue siendo quien vacuna y quien mira una otitis. Las dos cosas conviven. Un anuncio que dice «cualquier duda, al veterinario» y luego desaparece ha cortado la mitad del trabajo. Aquí el seguimiento después de la entrega está dentro del precio de un criadero familiar serio, no como favor.

Tampoco hace falta un discurso sobre el amor a los perros. Hace falta ver si el cachorro ha pisado suelos distintos, si ha oído la cocina y si se le puede coger sin que se encoja. Eso, en una visita bien preparada, se ve en diez minutos. En un chat, se ve si la otra persona es capaz de describirlo sin adjetivos vacíos. «Muy bueno» no describe. «Se acerca, se va si hay un ruido fuerte y vuelve cuando la madre está cerca» describe. Pedimos lo segundo.

Dónde está la casa, y desde dónde se busca

La dirección es Camino de Guillén s/n, 38290 La Esperanza. El Rosario queda en el norte de la isla, entre la costa y la zona de montaña. Santa Cruz de Tenerife, la capital, está al este. La Laguna, al lado. Puerto de la Cruz y el valle de La Orotava, al otro lado del norte. Adeje, Arona o Granadilla quedan más lejos y siguen siendo la misma isla, sin barco ni avión. Quien busca «cachorros Santa Cruz» a menudo quiere no desplazarse. El cachorro, si la casa es seria, no vive en el escaparate del sitio donde tú vives. Vive donde se cría.

El Nieto lo lleva Elena. El nombre lo puso su hijo, que tiene dos años. Ella creció entre perros. Su padre criaba de caza de forma amateur, y al entrar en la familia Curtó encontró el sitio para hacerlo en serio. Manuel Curtó empezó en 1975 en este mismo pueblo. Lo que era una pasión familiar llegó a perros en más de veinte países. Las razas de ahora son Galgo Italiano y Cocker Spaniel Inglés. La forma de elegir no ha cambiado: salud, carácter y un perro que se pueda tener en casa.

Las instalaciones ocupan 17.000 m². Hay 82 boxes individuales, parques exteriores, zona de peluquería y atención veterinaria permanente. Lo contamos porque está en la casa y se puede ver. No es un folleto de premios. No criamos para exposiciones ni para concursos. Si un perro es lucido en una pista y difícil en un piso, no es el perro que sale de aquí.

Eso también quiere decir que una visita no es el primer paso, y que no publicamos un horario de puertas abiertas. Quien quiera acercarse desde Santa Cruz o desde La Laguna escribe antes, cuenta cómo vive y, a partir de ahí, se ve si tiene sentido venir. El primer filtro es la conversación. El segundo, si hace falta, es ver la casa. Un anuncio que insiste en que pases hoy, con señal por bizum antes de haber preguntado nada, va en el orden contrario.

Las dos razas, sin convertir esto en una ficha

Si ya sabes que quieres Galgo Italiano, la página de lugar y de criterio en la isla es Galgo Italiano en Tenerife. Pesa entre 3 y 5 kilos, mide entre 32 y 38 centímetros, es silencioso en casa y de rachas fuera. No necesita jardín. Necesita compañía y un sitio donde correr sin tráfico. Los huesos son finos. En un piso de La Laguna cabe, si el ritmo cabe.

Si ya sabes que quieres Cocker Spaniel Inglés, la página equivalente es Cocker Spaniel Inglés en Tenerife. Es otro perro: más peso, más pelo, más fondo de salida, líneas mixtas pensadas para una familia y no para el campo puro ni para el concurso. Las pruebas que hay que pedir son las de esa raza, no las del galgo.

Esta página no elige por ti entre las dos. Elige el tipo de pregunta. «¿Hay cachorros en Santa Cruz este sábado?» es una pregunta de anuncio. «¿Qué salud tienen los padres, qué genealogía puedo comprobar y cómo ha vivido el cachorro estas semanas?» es una pregunta de criadero. Las dos se pueden hacer por escrito. Solo una de las dos se responde con una foto y un precio.

Tampoco comparamos con nombres de otras casas. No hace falta. Las señales son las mismas en cualquier anuncio: sin pruebas, sin genealogía comprobable, socialización que no se sabe describir, precio muy por debajo o muy por encima sin explicación. Si esas cuatro están en orden, el pueblo importa poco. Si no están, el pueblo no las sustituye.

Qué preguntar, en este orden

Estas preguntas sirven para El Nieto y para cualquier anuncio que estés mirando en la isla. Están pensadas para escribirlas, no para discutirlas en un portal.

¿Se revisa la salud de los padres antes de criar, y se pueden ver los resultados? En el Cocker, ¿nefropatía familiar, prcd-PRA, caderas y ojo? En el Galgo, ¿qué se ha revisado y dónde está escrito?

¿El cachorro sale con microchip registrado, cartilla y una genealogía que se pueda comprobar, no solo un nombre en un mensaje?

¿Cómo es la madre en casa? ¿El cachorro ha estado con personas y con ruidos de casa, o ha crecido apartado?

¿Qué pasa cuando el cachorro ya está en tu piso y surgen las dudas de las primeras semanas? ¿Hay alguien al otro lado, o el anuncio se archiva?

¿El precio, alrededor de 2.500 euros en un criadero familiar serio, incluye ese trabajo, o el número es otro y no se explica? Un descuento rápido, nada más preguntar, también es información. Pregunta qué se está quitando.

Si las respuestas son concretas, puedes seguir. Si son humo —«todos mis perros han estado perfectos», «el pedigree lo saco si hace falta», «ven y eliges el que más te guste»—, puedes cerrar la pestaña. No hace falta un ranking de criaderos para eso.

Leer un anuncio sin salir de Santa Cruz

Mucha gente hace la primera criba un domingo, en el móvil, desde un piso de La Laguna o de la capital. Está bien. El desplazamiento a La Esperanza no es el filtro. El filtro es lo que el anuncio esconde en lo que no dice. Un texto corto que solo tiene fotos del cachorro dormido, un precio redondo y «se entrega con vacunas» deja fuera a los padres. Sin padres identificados no hay pruebas que pedir ni genealogía que abrir. La foto del cachorro, por buena que sea, no trae el historial.

Conviene mirar la prisa. Un anuncio que empuja a reservar hoy, con un pago antes de haber visto un papel, está ordenando la conversación al revés. Aquí el orden es el contrario: primero la vida de la familia, después si la raza encaja, después el cachorro. No publicamos una camada con fecha para que alguien venga corriendo desde el sur. Si en un portal la fecha de entrega es anterior a las ocho semanas, la ley en España ya dice que eso no se puede. Es una señal gorda, y está escrita en la guía de precio del galgo como suelo legal, no como un detalle negociable.

El lugar del anuncio también se lee con calma. «Santa Cruz» o «La Laguna» en el título puede querer decir que el vendedor vive allí, no que el cachorro se haya criado con espacio. Puede querer decir que lo traen de otra isla o de la Península el mismo día. Puede ser verdad y puede ser un gancho de búsqueda. La pregunta no es el municipio del título. La pregunta es dónde ha estado el cachorro estas semanas y si puedes ver a la madre en ese sitio. La Esperanza es un pueblo concreto, con una dirección concreta. Un anuncio sin dirección, que solo queda «por la zona norte», no es lo mismo.

El precio se lee al lado de esas preguntas, no antes. Entre 300 y 700 euros en un Cocker de particular, o un galgo a 400, el hueco suele estar en las pruebas, en la genealogía o en la socialización. Por debajo de 800 euros, en el Cocker, toca preguntar qué falta. Un galgo a 3.500 euros sin una frase que diga qué incluye tampoco se explica solo por ser de criadero. El entorno de 2.500 euros, en las dos razas, es el del trabajo que esta web ya ha desglosado. Si el anuncio no desglosa, no completes tú el desglose con buena fe. Pide la lista.

Y no hace falta nombrar a otras casas para hacer esta criba. Cada anuncio se sostiene o se cae con sus papeles. Si el que estás mirando los enseña, sigue. Si no los enseña, el siguiente paso no es un ranking: es dejarlo y escribir a quien sí pueda abrir Genealogic, la cartilla y la revisión de los padres. Desde Santa Cruz, desde La Laguna o desde el sur, ese mensaje llega igual.

Cómo se empieza aquí

No publicamos cuántos cachorros hay ahora, ni una lista de espera con un número, ni la fecha de una camada. Quien pregunta «qué tienes libre» y recibe un catálogo cerrado suele estar en otra forma de criar. Aquí el primer mensaje es la vida: piso o casa, horas fuera, niños, otros animales, si has tenido perro. Con eso vemos si el Galgo o el Cocker encajan. Si no encajan, se dice. Si encajan, el cachorro se elige por carácter, no por el que queda en el anuncio.

El precio no cambia por vivir en Santa Cruz, en La Laguna o en el sur. El seguimiento tampoco. Cuando el cachorro llega a casa empiezan las preguntas de verdad, y estamos al otro lado el tiempo que haga falta. Eso forma parte del trabajo que ronda los 2.500 euros, junto con la cartilla, el microchip, Genealogic y la salud de los padres. No es un extra de simpatía.

Si has llegado buscando criadero en Tenerife, o cachorros en Santa Cruz, y quieres saber si esta casa es la tuya, escríbenos. Cuenta desde dónde escribes y cómo vives. No tienes que venir a La Esperanza para hacer esa pregunta. Si la respuesta es que no encaja, también te lo diremos.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia a un criadero serio de un anuncio de cachorros en Tenerife?+
Padres identificados, salud que se puede enseñar, socialización que se sabe describir y alguien que responde después de la entrega. El pueblo —Santa Cruz, La Laguna o La Esperanza— no sustituye eso.
¿Qué precio es una señal de alarma?+
En el Cocker, particulares sin pedigree entre 300 y 700 euros, y por debajo de 800 conviene preguntar qué falta. En el galgo, 400 euros o 3.500 sin explicación. Un criadero familiar serio ronda los 2.500 euros.
¿Qué pruebas hay que pedir en un Cocker?+
Como mínimo nefropatía familiar, prcd-PRA y caderas, y conviene la revisión oftalmológica. En El Nieto se hacen y se pueden ver.
¿Dónde está El Nieto?+
En La Esperanza, El Rosario, no en un local de Santa Cruz. No hay horario de visitas publicado. Se escribe antes.

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